RIDE ON Y VA BARCELONA

Sábado, suena  la alarma del despertador pero hace más de veinte minutos que estás despierto dando vueltas por la cama. Te levantas sigilosamente para no hacer más ruido del necesario. Tu ropa ya está preparada de la noche anterior, preparaste varias combinaciones por si el tiempo es algo más fresco de lo que esperabas. Desayunas mirando el reloj porqué no quieres llegar tarde al encuentro.

Sales de casa, la calle está en silencio, pocos o ningún coche circulando, el cielo no está despejado del todo pero sabes que será un día radiante. La primera sensación al arrancar y notar la brisa de la mañana es un escalofrío, es solo ese momento, porqué en lo que queda de mañana sabes que vas a pasar calor. Llegas al punto de encuentro, es pronto, si tienes la cafetería cerca, te apetece tomarte un café para activarte totalmente. Estrechas la mano a uno y otro, en minutos van llegando más y más compañer@s. Llega la hora de echar a rodar, entre charlas y risas pasan esos cinco minutos de cortesía por si llega algún integrante más al que se le han pegado las sábanas. La ruta ya está decidida, el grupo empieza disperso, cuesta un poco entrar en calor. Las charlas y risas continúan, los saludos, gente que no has visto por una semana o quizás más tiempo. Llega el primer repecho, el cuerpo aún se siente adormecido. El ritmo lo marcan los dos de delante, suelen respetarse las posiciones, reina la calma. Pasas por el pueblo de al lado, parece mentira que a estas horas de la mañana el casco urbano esté tan tranquilo. Te sientes respetado y protegido por el pelotón.

Segunda subida de la mañana, ésta ya parece más seria, aún siendo corta, si los dos de delante marcan un ritmo demasiado tranquilo algún compañero va a decidir tomar la delantera, y con él otros tantos que se ven con energía y porque no, más decididos a divertirse y empezar a apretar bien temprano. No todo el mundo se siente cómodo a ese ritmo así que el grupo se estira y se rompe. Tu sabes dónde estás y lo que queda de mañana por delante. No quieres desperdiciar balas antes de tiempo. Bajadita corta y otra vez repecho duro, esta vez sí, y con la inercia de la bajada decides probarte un poco, primero de pie y cuando las piernas hormiguean en dolor te sientas subiendo un par de piñones. La respiración y el ritmo cardíaco ya están disparados. Consigues enlazar con los de delante, parece que se tranquilizan, te escondes a rueda tratando de minimizar la exposición al aire, que al ser en subida y tan temprano poco va a ser. Falso llano perfecto para recuperar, recomponer, echar un trago de agua y mirar atrás para ver cual es el resultado del intenso apretón. No da tiempo a reagrupar que ya estás en el siguiente repecho, éste no es tan duro, quien lo hace duro son los dos de delante que ponen un ritmo devastador. Tienes sensación de sufrimiento y dolor, pero a la vez te reconforta poder estar ahí delante con ellos. Falso llano otra vez, se baja el ritmo para que todo el mundo enlace.

Por supuesto no todos están dispuestos a apretar esos primeros quilómetros y ‘pasarlo mal’ solo porqué unos pocos estén rebosantes de energía y ganas de pedalear rápido. Cada uno encuentra su sitio. Bajada larga, los de delante se dejan caer para ser alcanzados, los perseguidores le dan a los pedales pero sin jugársela en la bajada. Todo vuelve a su sitio, siguiente pueblo en la Costa Brava. Sigue todo muy tranquilo a no ser que el día coincida con el mercado semanal del pueblo. El grupo deja atrás los pasos de peatones, vadenes, rotondas y enlaza con la siguiente subida. Aquí la carretera se estrecha, sinuosa, apenas hay tramos rectos. El asfalto es bueno, la carretera se acerca mucho al mar, tanto que casi lo puedes oler. Acantilados, vegetación mediterránea, el mar, buena compañía. Todo es idílico para la vista, las sensaciones, el bienestar personal.

Volvamos a la realidad, hay palo, y con él varios intentan pegarse a su rueda. Algunos aguantan con éxito unos metros, otros desfallecen, suben 3 coronas de golpe, se abren y echan la mirada hacia atrás para ver quien les sigue. Esto se hace duro, pero has pasado tantas y tantas veces por allí que conoces cada curva, cada desnivel, y sabes que el sufrimiento es momentáneo. Llegas arriba, sofocado, coges aire en la bajada, aquí ya nadie afloja. Rápido vistazo atrás para confirmar que efectivamente no viene nadie más. Terreno rompe piernas, bajadas rápidas con repechos cortos. Ahora ya no te queda otra que aguantar con los de delante hasta que las piernas digan basta.